Separador

Nuestra biblioteca se encuentra llena de libros que todavía están por escribir, en los que tú eres el protagonista. Tenemos las palabras que buscas para contar tu historia, para describir tus proyectos y sueños. Recuperamos una profesión olvidada y le hemos colgado el hashtag #delpasadoperoconfuturo para verla caminar por el siglo XXI.

Pero esta es sólo una introducción, un bosquejo en la solapa. Si quieres conocer más sobre nuestro proyecto, a continuación te contamos por qué hemos resucitado a los escribientes.

Separador

escribientes

Separador

iconotwitter

#delpasadoperoconfuturo  

Aunque en la actual definición de la RAE se usa ya como equivalente al escritor en una de sus acepciones, lo cierto es que el de escribiente ha sido un oficio diferenciado y tan necesario como el de los autores literarios. Los escribientes, amanuenses, copistas y memorialistas han facilitado en el ejercicio de su profesión la comunicación entre las personas. Fueron los encargados de escribir y leer para otros en sociedades de marcada desigualdad, en las que las cuotas de analfabetismo eran muy elevadas. Redactaban cartas, escritos y documentos tanto burocráticos como personales. La suya era una escritura delegada y anónima, pero cumplían con ella una función social maravillosa: ayudaban a derribar fronteras entre clases, remendaban la brecha cultural y tendían puentes entre la gente. Aunque el oficio se fue extinguiendo con el paso del tiempo, nosotros defendemos que todavía hoy esta profesión tiene sentido y sigue siendo ineludible: los escribientes del siglo XXI son necesarios para seguir contando historias personales, para vencer la barrera de la incomunicación de nuestros días, para traducir emociones y eternizarlas en palabras. En este mundo sobreexpuesto e hipercomunicado cuesta más encontrar la expresión adecuada, la palabra precisa, ese texto original y único que nos diferencie de los pastiches on-line, de esos ecos repetidos en centenares de webs.

Separador

iconotwitter

#unoficioinspirador 

No vamos a atribuirnos el mérito de haber descubierto el encanto de los escribientes. El oficio de scrivener (en su equivalencia anglosajona) ya inspiró a Herman Melville en 1853, cuando publicó en la revista Putnam’s Magazine el que se considera uno de los mejores relatos breves de la literatura americana: Bartleby the Scrivener: A Story of Wall Street (Bartleby, el escribiente). De esta narración nació también Bartleby y compañía, en la que Enrique Vila-Matas explora los silencios literarios y a los célebres escritores del no, quienes parecen suscribir la frase que reiteradamente pronuncia el protagonista de la obra de Melville: “I would prefer not to” (“preferiría no hacerlo”). Así, con este oficio inspirador y eminentemente literario como punto de partida, desde hace años hemos ido perfilando cuál sería la evolución natural de esta profesión, su hueco en la actualidad. Afortunadamente, el analfabetismo se ha reducido a mínimos en la sociedad española, pero padecemos otro tipo de problemas y lacras que afectan a nuestro modo de comunicarnos y a la forma de transmitir nuestras emociones. Todavía existen desigualdades que hacen necesaria la existencia de profesionales que ayuden a la gente a expresar eso que ellos preferirían no hacer o no saben cómo hacerlo. Necesitamos escribientes que pongan a las personas en el lugar que les pertenece: siendo protagonistas de su propia historia. Y esta es una misión que no sólo se aplica a los individuos: también es necesaria para pymes, asociaciones, instituciones y organismos que muchas veces se encuentran con dificultades para plasmar sus orígenes, proyectos y objetivos de la manera adecuada.

Separador

iconotwitter

#sintemoralahojaenblanco  

Defendemos algo esencial: que por más que cambie el mundo, las personas seguimos apreciando el poder de una buena narración. Que se puede hacer buena literatura con historias personales. Que todas las personas, empresas y asociaciones deberían tener acceso a un escritor particular que narrase su historia, que le ayudase a canalizar sus emociones, sus recuerdos, sus sueños, y que esté dispuesto a mancharse las manos en el tintero de la inspiración sin temor a la hoja en blanco. Defendemos, en definitiva, que todo el mundo tiene derecho a tener en su estantería el libro de su vida. Con esta ilusión –que es mucho más que una premisa– nace escribientes.com.

Separador