12 citas para adorar a José Ángel Valente más allá de sus versos

“Escribir es como estar muerto y volver para ver los estragos al campo de batalla donde el propio cadáver yace”. La cita, que José Ángel Valente legó como un polizón en las reflexiones del atribulado protagonista de Palais de Justice (Galaxia Gutenberg), una de sus obras póstumas, adquiere un especial simbolismo en estos días. El sábado se cumplían 15 años del fallecimiento del poeta y ensayista gallego y resulta maravilloso contemplar cómo la obra de un escritor muerto tantas veces antes de la muerte sigue estando tan viva y fresca. Para recordarlo, en Escribientes.com hemos recuperado uno de sus textos más profundos, representativos y curiosos: Palais de Justice, una novela kafkiana con alma autobiográfica, que recoge el duro proceso de separación de su primera esposa, Emilia Palomo, y que vio la luz en 2014, ya que el poeta había pedido expresamente que no se publicase hasta el fallecimiento de esta.


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En Palais de Justice se materializa el dolor que nos produce la traición del espejo, el peligroso filo del recuerdo, la volatilidad del amor, la identidad, la cordura… La decepción es, probablemente, el esqueleto que sostiene una narración nerviosa, airada, bruta e inexplicablemente bella y honda. La hosquedad con la que la palabra mierda aflora en una frase no está reñida con la cuidada narración de un poeta que también en prosa busca el ritmo y la precisión léxica de la poesía. De ese contraste, entre el inmenso amor que fue y lo que queda, entre la ilusión y la fatiga, entre la idealización y el recuerdo, se alimenta Palais de Justice. Todo perfectamente armado en torno a un protagonista de rasgos patológicos, histriónico sin remedio pero certero en sus amargas reflexiones. Sometido a un duro juicio que le hace resquebrajar el recuerdo del ser amado, el lector pronto descubre que el tribunal ante el que parece ya condenado no es otro que el de su propia memoria y sus actos.

articulos_fotounamedia_10887El protagonista tendrá que asumir que el tiempo no sólo envejece los rostros, que también envejece la emoción, agota el deseo y hace acopio de resentimientos. Pero lejos de parecer una narración cansada o guiada exclusivamente por la rabia, en el texto de Valente no hay palabra que no se atraiga con la contigua, que no busque el roce con la que la precede, que no acerque los labios a las que la rodean. No es de extrañar que al final de la frase la cosa acabe en una erección sensorial. A continuación reunimos 12 citas de Palais de Justice para adorar a Valente más allá de sus versos:

París, cuánto te hemos amado. Si de algún modo hubieras existido, habrías hecho menos posible nuestro amor”

“No tengo don de lágrimas”

“Los cuerpos eran el deseo de conocer o de extenderse”

“Considera, oh alma, en tu interior morada. Pero el interior era un túnel que nunca terminaba o del que nadie volvía igual”

“Cuánta muerte ha caído sobre algunas palabras. Alguien que creía tener una palabra o tener la palabra, tenía solamente el flato de la voz”

“Alguien que parecía duradero entra de pronto en la absoluta solubilidad”

“Si la vida no se hiciese estilo no merecería la pena vivir. O la vida sólo se hacía estilo porque no merecía la pena vivir. De ahí la imposibilidad de la biografía”

“Qué bien estructurada estaba, se dijo, la lógica de la acusación. Probar la inocencia no es posible, porque nadie es inocente y, de serlo, la inocencia carece de toda lógica además”

“Tus ojos, como los de un animal de la noche, podían taladrar la sombra”

“Todo acto de amor se convertía, aún antes de nacer, en acto de juicio. Extraño personaje el que por largos años te acompañó en la vida, acumulando pruebas, allegando testigos, sembrando confidencias para poder demostrar, llegado el caso, que sólo tú, en rigor, eras culpable”

“¿Por qué no despedirse sin melancolía de todos sus pasados improbables, de todos sus futuros incumplidos, experto como era en los rigores del adiós?”

“Hay la mujer, pensaste, que en una ciudad de frontera te dijo una día la verdad y hay la otra, la que tuvo miedo, la que sólo fingía, la falaz anciana a la que nunca poseyó ningún dios”  

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