13 razones por las que Poe sigue dando miedo

cuentos macabros portadaLos sofocos estivales se prestan a la repesca de esos robustos libros que parecen sobrevivir a cualquier inclemencia meteorológica, aferrados a la estantería. Así rescatamos Cuentos macabros (Edelvives), la fabulosa edición que reúne una selección de relatos de Edgar Allan Poe traducidos por Julio Cortázar e ilustrados por Benjamin Lacombe. Además de ser un libro perfecto para iniciarse en la lectura de la obra del escritor norteamericano, también nos sirve para recordar por qué Poe sigue siendo un maestro… terrorífico. Aquí van las 13 razones por las que creemos que sigue dando mucho miedo:

  1. Por la naturalidad con la que es capaz de hacernos apreciar la fragilidad del ser, la facilidad con la que la bondad se trastoca en maldad, la ternura en atrocidad, la pasión en delirio y el delirio en delito.
  2. Por su solvencia narrativa, por esa riqueza descriptiva con la que moldea opresivas e inquietantes atmósferas que poseen el don de la atemporalidad.
  3. Por su capacidad para desmembrar la banalidad, para localizar los hilos de la ansiedad que ocultan las imágenes más anodinas e inocentes.
  4. Por la fascinación que despiertan sus ambientes totales y el simbolismo de sus relatos: el color, las formas, los animales, la música… es capaz de retratar la decadencia de sus personajes, la carcoma que ha consumido su alma, mientras habla del ruinoso y deplorable aspecto de la mansión en la que habitan. Cualquier elemento del entorno puede jugar como catalizador hacia un trágico destino.

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    “El gato negro” de Poe según Lacombe
  5. Por hacernos temer a la muerte no por representar el fin de la vida sino porque supone una continuación del desaliento, un camino angosto hacia el desasosiego. Despojada de esa idea de descanso definitivo, la muerte ya no es un destino, sino un estado de perpetua melancolía e inquietud.
  6. Porque supo crear historias a espaldas de la moral, alejadas de esa idea de que el malo acaba pagando sus pecados. Poe nos dibuja un desolador paisaje ajeno a justicias divinas y kármicas: nos deja desnudos, tiritando, ante la certeza de que el mal y la locura devienen sobre los hombres (incluso sobre los hombres buenos) con la misma naturalidad con la que la noche sucede al día y lo tiñe todo de negregura.
  7. Por retratar la tristeza como una suerte de combustión inesperada y espontánea, como si se tratase de una posesión melancólica e imposible de exorcizar. Poe extermina el idealismo y la esperanza como salvavidas. “Y así las alegrías se desvanecían súbitamente en el horror y lo más hondo se convertía en lo más horrible”.
  8. Por perfilar a protagonistas masculinos que suelen ser emocionalmente inestables y a mujeres intelectuales, brillantes, de una belleza sublime pero de expresión frágil. Ni siquiera lo bello está a salvo de la maldad. También está presente en su obra esa idea de que el romanticismo conduce a la melancolía y la melancolía se convierte en un pasaporte a la locura, en una posesión incapaz de exorcizarse.
  9. Por sus alusiones a las drogas, al alcohol, a las adicciones. Por atreverse incluso a elevarlos a piropo: “Ninguna mujer igualó su rostro. Era el esplendor de un sueño de opio, una visión aérea y arrebatadora”.
  10. Porque podría utilizarse como símbolo del antiamericanismo, porque sus contemporáneos no supieron valorarle y maestros como Baudelaire llegaron a usar su admiración por el escritor como arma arrojadiza hacia su país: “Repito mi convicción de que Poe y su patria no estaban al mismo nivel”, escribe el francés en un artículo, en el que también llegaría a definir a EE UU como “una gran barbarie con alumbrado de gas”.
  11. Por ese sentimiento de fatalidad, por ese concepto de lo irreparable que intoxica las tramas.
  12. Porque esa pertinaz voluntad de los muertos por no ceder, por querer devorar la inocencia, es una maravillosa metáfora de la propia obra de Poe.
  13. Por su propio final, por aparecer en las calles de Baltimore con ropa que no era suya y rodeado de misterio. La ambigüedad con la que tanto había jugado en sus relatos (enseñándonos a percibirla como una especie de patología, como un mal presagio) acaba escribiendo su propio adiós. Si fue una muerte violenta, por intoxicación, si fue víctima de un fraude electoral, de su alcoholismo o conoció a la parca guiado por el delirium tremens es todavía una incógnita. Una incógnita a la altura de un genio.

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    La profunda melancolía de Poe gana fuerza en las ilustraciones de Lacombe

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