9 lecciones para la vida en “Matar a un ruiseñor”

De todos los caminos que redibujamos, de todas las fugas que inventamos, ninguna parece guiar a la mente por el laberinto del recuerdo con la certeza emotiva de la infancia. Inspire gratitud o tormento, felicidad o melancolía, la niñez es una estación que nunca se difumina en las nieblas del tiempo. Lo sabía bien el editor que leyendo la primera novela de Harper Lee y seducido por los pasajes en los que Jean Louise Finch exprimía su memoria, aconsejó a la escritora que profundizase en ese universo pretérito en Maycomb (el pueblo imaginario del sur de Estados Unidos en el que ubicó los primeros años de su protagonista) y que dio como resultado el nacimiento de un clásico contemporáneo de la literatura anglosajona: Matar a un ruiseñorque desde su publicación en 1960 nunca ha dejado de editarse sumando más de 40 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo.

Harper Lee smiles before receiving the 2007 Presidential Medal of Freedom at the White House in Washington, D.C.
La escritora estadounidense Harper Lee rompe hoy un silencio editorial de más de medio siglo con “Ve y pon un centinela”

ve y pon un centinelaAquel primer libro de Lee que el iluminado editor tenía entre sus manos era Ve y pon un centinela (HaperCollins Ibérica), que hoy ha llegado a las librerías convirtiéndose en la segunda novela que publica la autora norteamericana tras más de medio siglo de silencio. Con una tirada inicial de tres millones de copias en EE.UU. y Reino Unido y con 12.000 para España y Latinoamérica (donde saldrá a la venta mañana, aunque aquí puedes leer un extracto en inglés) el libro está llamado a ser uno de los fenómenos editoriales del año. Y antes de que muchos lectores se sumerjan en la historia de la señorita Finch, en Escribientes.com hemos querido recuperar algunos extractos de Matar a un ruiseñor para recordarla entonces, cuando sólo era una niña apodada Scout, y su pequeño mundo colisionaba con otros planetas en ese universo cálido e inocente al que también era imposible dejar de contemplar con cierto recelo.

1.- La dignidad no se vende, inspira

El padre de la protagonista, el abogado Atticus Finch, contempla horrorizado como él y su familia sufren vejaciones por defender a un hombre de color condenado a muerte. La inquebrantable integridad que muestra a lo largo de la obra lo han convertido, según varios investigadores, en uno de los letrados más influyentes en esta profesión, a pesar de ser un personaje ficticio.

Antes de poder vivir con otras personas tengo que vivir conmigo mismo. La única cosa que no se rige por la regla de la mayoría es la conciencia de uno.

–De modo que tú no eres realmente un ama-negros, ¿verdad que no?
–Claro que lo soy. Hago lo que puedo por amar a todo el mundo… A veces me encuentro en una situación difícil… Niña, no es un insulto que a uno le den un nombre que a otro le parece malo. Ello le demuestra a uno lo mísera que es aquella persona, y no le hiere.

gregory peck
Gregory Peck interpretó a Atticus Finch en el cine

2.- ¿Por qué es pecado matar a un ruiseñor?

Cuando nos regaló los rifles de aire comprimido, Atticus quiso enseñarnos a tirar. Tío Jack nos instruyó en los rudimentos de tal deporte, y nos dijo que a Atticus no le interesaban las armas. Atticus le dijo un día a Jem:
–Preferiría que disparáseis contra botes vacíos en el patio trasero, pero sé que perseguiréis a los pájaros. Matad todos los arrendajos azules que queráis, si podéis darles, pero recordad que matar un ruiseñor es pecado.
Aquélla fue la única vez que le oí decir a Atticus que ésta o aquélla acción fuesen pecado, e interrogué a miss Maudie sobre el caso.
–Tu padre tiene razón –me respondió–. Los ruiseñores no se dedican a otra cosa que a cantar para alegrarnos. No devoran los frutos de los huertos, no anidan en los arcones del maíz, no hacen nada más que derramar el corazón, cantando para nuestro deleite. Por eso es pecado matar un ruiseñor.

3.- La verdadera valentía es luchar pese a saber que perderás

Quería que vieses una cosa de aquella mujer, quería que vieses lo que es la verdadera bravura, en vez de hacerte la idea de que la bravura la encarna un hombre con un arma en la mano. Uno es valiente cuando, sabiendo que ha perdido ya antes de empezar, empieza a pesar de todo y sigue hasta el final pase lo que pase. Uno vence raras veces, pero alguna vez vence.

4.- Aprender a identificar esas exigencias extra por ser mujer 

Al observarla empecé a pensar que el ser mujer requería cierta habilidad.

En su sermón, el reverendo denunció sin tapujos el pecado, explicó austeramente el lema de la pared de su espalda; advirtió a su rebaño contra los males de las bebidas fuertes, del juego y de mujeres ajenas. Los contrabandistas de licores causaban sobrados contratiempos en los Quarters, pero las mujeres eran peores. Como me había pasado con frecuencia en mi propio templo, otra vez me enfrentaba con la doctrina de la Impureza de las Mujeres que parecía preocupar a todos los clérigos.

5.- Saborear (y llorar) el primer amor

El hecho de tener novio permanente me compensaba muy poco de su ausencia. Jamás me había detenido a pensarlo, pero el verano era (…) la prontitud con que Dill levantaba el brazo y me besaba cuando Jem no estaba mirando, las añoranzas que cada uno de nosotros notaba a veces que el otro sentía. Con él vida era una dulce rutina; sin él, la vida era insoportable.

6.- La humanidad por encima de razas y religiones

–No te asustes –me susurró Calpurnia–, aunque las rosas de su sombrero temblaban de indignación. Cuando Lula vino hacia nosotros por el sendero, Calpurnia dijo:
–Párate donde estás, negra. Lula se detuvo, pero replicó:
–No tienes obligación alguna de traer niños blancos aquí: ellos tienen su iglesia, nosotros tenemos la nuestra. Es nuestra iglesia, ¿verdad que sí, miss Cal?
–Es el mismo Dios, ¿verdad que sí? –replicó Calpurnia. Jem intervino:
–Vámonos a casa, Cal; no nos quieren aquí… Yo estuve de acuerdo: no nos querían allí. Más bien que verlo, percibí que la masa de gente se nos acercaba. Parecían apiñarse hacia nosotros, pero cuando levanté la mirada hacia Calpurnia vi una expresión divertida en sus ojos. Cuando me fijé de nuevo en el sendero, Lula había desaparecido. En su lugar había un sólido muro de gente de color.

7.- El prejuicio, como la ignorancia, es atrevido

A la gente no le gusta estar en compañía de una persona que sepa más que ellos. Les deprime. No transformaría a ninguno, hablando bien; es preciso que sean ellos mismos los que quieran aprender, y cuando no quieren, uno no puede hacer otra cosa que tener la boca cerrada, o hablar su mismo idioma.

8.- Luchar (por la paz) con el cerebro

Es posible que oigas cosas feas en la escuela, pero haz una cosa por mí, si quieres: levanta la cabeza y no levantes los puños. Sea lo que fuere lo que te digan, no permitas que te hagan perder los nervios. Procura luchar con el cerebro, para variar…

Hubo ocasiones como éstas en que pensé que mi padre, que odiaba las armas y no había estado en  ninguna guerra, era el hombre más valiente que había existido.

9.- La lectura, una función vital

Hasta que temí perderlo, jamás me embelesó leer. A uno no le embelesa respirar.

2 comentarios sobre “9 lecciones para la vida en “Matar a un ruiseñor”

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