Anaïs Nin: Y con ella llegó el escándalo

El auge de la literatura erótica, auspiciado por el fenómeno de 50 sombras de Grey, ha favorecido la reedición y actualización de los maestros del género. Siruela hizo lo propio hace un año recuperando los Diarios amorosos. Incesto (1932-1934). Fuego (1934-1937) de Anaïs Nin, en los que la autora procede al minucioso registro de su escandalosa vida sexual, en la que la bigamia y los amantes se mezclan con la incestuosa relación que mantuvo con su padre, Joaquín Nin, tras reencontrarse con él después de que abandonase a ella y a su madre veinte años atrás.

ph_0111201259-NinAnaïs Nin convirtió el escándalo y el libertinaje en una reivindicación, en su marca personal. Hoy, día en el que se cumplen 39 años de su fallecimiento en Los Ángeles, recuperamos algunas de sus reflexiones sobre la literatura erótica, género que cultivó con profusión y recogió en su Delta de Venus. En sus diarios, Nin deja constancia de los motivos que le llevan a escribir relatos de alto contenido sexual. Si al principio se convirtió en una especie de juego, al que llegó a través de Henry Miller –con el que mantuvo una relación tan intensa como con la esposa de éste, June–, acabó convirtiéndose en una forma de sustento económico que le hizo descubrir nuevos ámbitos de su personalidad literaria.

En los años 40 empezaron a escribir, a razón de un dólar por página, por encargo del librero Milton Luboviski, cuyo lema para estos relatos era “menos poesía y más sexo”. Algo que acabó minando su genio creativo, haciéndoles sentir una suerte de prostitución narrativa“[George Barker] Hizo gala de su sentido del humor, aludiendo a la idea de que yo me convirtiera en la madame de aquella casa de prostitución literaria, de la que estaba excluida la vulgaridad”.

Lo curioso es que Anaïs Nin era consciente de que había algo que la diferenciaba de sus colegas varones a la hora de escribir sus relatos eróticos. Al principio, como ella misma confiesa en sus diarios, “empecé a escribir, cayendo en demasías y excesos de inventiva; exageré de tal manera, que pensé iba a darse cuenta de que estaba caricaturizando la sexualidad. Pero no hubo protesta”. La autora de origen cubano-español cita el Kama Sutra y “las más osadas aventuras” de sus amigos como fuentes de documentación.

delta de venusEl resultado fueron textos salvajes, explícitos, desmedidos, en los que cabía la pederastia, el incesto, la violencia y las drogas, que mezclaba sin pudor con cierta hilaridad, generando un contraste capaz de noquear al lector-voyeur. Pero si Miller bautizaba el pene de su protagonista en Opus Pistorum como John Thursday (Juan Jueves) y describía con descarnada naturalidad por dónde lo paseaba, Anaïs Nin se recrea más en los detalles, en los preámbulos. “Me constaba la gran disparidad existente entre lo explícito de Henry Miller y mis ambigüedades, entre su visión humorística rabelaisiana del sexo y mis poéticas descripciones de relaciones sexuales contenidas en los fragmentos no publicados de mi Diario. Como escribí en el volumen tercero de aquél, experimentaba el sentimiento de que la caja de Pandora contenía los misterios de la sensualidad femenina, tan distinta de la masculina, que el lenguaje del hombre no resultaba adecuado para describirla”.

La autora asegura que dudó sobre la publicación de estos textos, sobre todo porque los escribió por necesidad e imbuida por sus colegas varones: “Estos relatos eróticos los escribí para entretener, bajo la presión de un cliente que me pedía 10 que ‘me dejara de poesía’. Creí que mi estilo derivaba de una lectura de obras debidas a hombres, y por esta razón sentí durante mucho tiempo que había comprometido mi yo femenino. Olvidé estos relatos. Releyéndolos muchos años más tarde, me doy cuenta de que mi propia voz no quedó ahogada por completo“. Para muestra, algunas de las reflexiones que tiene sobre el sexo y que distan mucho de las que haría Miller:

Citas de Anaïs Nin sobre el sexo

“El sexo pierde todo su poder y su magia cuando se hace explícito, mecánico, exagerado; cuando se convierte en una obsesión maquinal. Se vuelve aburrido”

“El sexo clínico, desprovisto de todo el calor del amor –la orquestación de los sentidos: tacto, oído, vista, gusto, y todos los acompañamientos eufóricos, la música de fondo, los humores, la atmósfera, las variaciones–, le obligaba a recurrir a los afrodisíacos literarios”

“El sexo no prospera en medio de la monotonía”

“Yo era ya consciente de que existía una diferencia entre el tratamiento dado a la experiencia sexual por los hombres y por las mujeres”

“[El Diario] Mostrará que las mujeres (y yo en el Diario) nunca hemos separado el sexo del sentimiento, del amor al hombre como un todo”

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