Camilo José Cela Conde: “En España, los Nobel son sombras en la pared”

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“Desgraciadamente no se me oculta que mi recuerdo más ha de tener de maldito que de cosa alguna”, la sentencia es de Pascual Duarte, pero pertenece, sin duda, a su autor: Camilo José Cela. Hoy se cumple un siglo del nacimiento del escritor gallego, premio Nobel de Literatura en 1989, y, sin duda, sus personajes parecen advertirnos de las trampas de la memoria y los peligros del olvido. ¿Está también maldito el recuerdo de Cela? Pocos autores de su proyección y calidad consiguieron confundir tanto lo biográfico y lo literario gracias a ese afán experimental que prevaleció siempre en su obra (y, según parece, también en su vida) y que le ayudó a dinamitar las membranas de sus personajes y las de su personalidad hasta sembrar el desconcierto de no saber dónde empezaban unos y acababa la otra. Para intentar descubrirlo, en escribientes.com entrevistamos hoy al hijo del escritor: Camilo José Cela Conde.

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Camilo José Cela Conde, catedrático de Filosofía del Derecho, es hijo del escritor CJC y Rosario Conde

–”Conocimos” a muchos Cela: el escritor experimental, el retratador de la miseria, el premio Nobel, el inventor de exabruptos para la Prensa, el padre, el marido… Un siglo después de su nacimiento, ¿cuál diría que es la imagen que prevalece de Cela? ¿Cree que le hace justicia?

–Cuando comenzamos a pensar en el centenario, mi objetivo principal era el de recuperar al Camilo José Cela (CJC) escritor que estaba, a mi juicio, desaparecido. Puede que el Cela-personaje, el que tanto apareció en la prensa del corazón durante sus últimos años de vida, acabara por monopolizar su imagen. Pero incluso ése Cela tan artificial se había disuelto en cierto modo para dar paso al olvido, sin más.

Una de las mayores satisfacciones que he tenido en este año es la de constatar que los lectores fieles de CJC existen y que, para ellos, es el novelista, el viajante, el experimentador el que cuenta. Otra cosa es que seamos capaces de interesar a los más jóvenes, a quienes no leyeron nunca a Cela por el simple placer de hacerlo.

–¿Cree que su padre inventaba personajes para interpretarlos él mismo o simplemente eran diferentes dimensiones de su personalidad?

–Se trata de una pregunta muy difícil de responder. Un escritor inventa personajes incluso cuando mira para dentro. Ese “sí mismo” es también en una gran medida una construcción literaria.

Así que no hay una separación absoluta, en mi opinión, entre esos dos mundos, el interno y el externo. Algunos personajes de la obra de CJC son proyecciones de él mismo (en los libros de viajes, por supuesto, pero también en Pabellón de reposo, en San Camilo, en Oficio de tinieblas e incluso en La colmena). Y él es, en cierto modo, la suma de sus personajes pasada por el tamiz de lo que quiso construir como su propia imagen.

libro-cjc-conde–Un día después de que le concediesen el Nobel, usted publicaba su libro Cela, mi padre. Ahora acaba de editarse Cela, piel adentro (Destino), ¿cómo ha cambiado Camilo José Cela Conde en la redacción de uno y otro libro? ¿Qué nos encontraremos en esta nueva obra?

–La mayor diferencia estriba en que Cela, mi padre era un compendio de las historias que viví en mi familia, es decir, el resultado de un día a día pasado por esa fábrica de personajes a la que me refería antes. Incluso delante de sus amigos más íntimos, un escritor sigue al pie de la letra su papel.

Pero cuando murió mi madre me encontré con cerca de mil cartas que se habían cruzado Charo y CJC. El Cela de esas cartas es en buena medida irreconocible, casi en las antípodas de los personajes que creó para sí mismo.

Reescribir Cela, mi padre a la luz de esas cartas llevó al Cela, piel adentro. Sólo se refleja en este nuevo libro una parte menor de las cartas pero creo que lo bastante significativa para documentar ese otro Cela en verdad sorprendente.

–Al margen de la definición de la RAE, en el diccionario de la vida, la palabra padre suele ser un sustantivo variable, que cambia con los años, que se transforma y adquiere nuevas acepciones. ¿Cómo diría usted que ha cambiado la imagen de su padre hasta hoy?

–Bueno, la imagen que un hijo tiene de su padre va cambiando siempre a medida que el niño crece y descubre cosas tan imprevistas como el que los padres de los demás niños del colegio sean dentistas, albañiles o empleados de banca. Cuando el padre más tópico de todos, el de uno, se vuelve una rareza la sensación es difícil de asimilar.

Se diría que la figura del padre cambia al mismo ritmo que cambia el propio niño. Pero hay un poso permanente porque lo que no cambia nunca es que esa figura en continua transformación sigue siendo siempre tu padre.

–¿Cuál es su libro favorito de Camilo José Cela? ¿Cuál es el último que ha releído? 

–No hay un libro favorito. Podría hablar de cajones favoritos y serían los más olvidados (los apuntes carpetovetónicos, por ejemplo) o de párrafos favoritos (y ¿cómo olvidar el comienzo del Pascual Duarte o de la Mazurca para dos muertos?).

Releer obras tenida por menores como Esas nubes que pasan o bien olvidadas casi como Mrs Caldwell habla con su hijo es algo que hago de vez en cuando por puro placer. Pero, ya digo, volver a los cuentos del carpetovetonismo como los de El gallego y su cuadrilla puede que sea lo mejor de todo.

–¿Es capaz de escindir al escritor del padre cuando lo lee?

No, no puedo hacerlo porque no existe, ya digo, esa diferencia. De hecho cuando leo sus frases oigo su voz.

–¿Le recomendó alguna lectura imprescindible? ¿Cuáles son los recuerdos que conserva durante su infancia en la biblioteca familiar?

–Mi padre no hablaba casi nunca de literatura. Y cuando le pedí que me recomendase algún libro (porque me lo pedían en el colegio, por ejemplo) sus sugerencias eran por completo las de la corrección literaria: desde el Mío Cid al Platero y yo. Por lo que hace a la biblioteca familiar era, en su mayor parte, técnica, desde los diccionarios de la lengua de la Real Academia a los clásicos españoles de Rivadeneyra.

Más interés tenía para mí la parte de la biblioteca que estaba junto al despacho de mi madre, con autores anglosajones. Allí descubrí a Poe, a Faulkner, a Dos Passos, a Hemingway…

–¿Cómo cree que ha influido su madre, Rosario Conde, en la obra de Camilo José Cela?

–Ha influido de forma permanente, crucial y continua. ¿Hace falta una prueba? Compárese lo que va desde La familia de Pascual Duarte a Mazurca para dos muertos con lo que llegó después.

–¿Cuánto hay de Cela en usted cuando se mira al espejo?

–De continuo me dicen que me parezco mucho a mi padre (hablando de la imagen, claro es; el talento no se hereda). Pero yo no le veo a él en el espejo. Sólo en el espejo de la memoria.

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Camilo José Cela y su hijo en la ceremonia de los Premios Nobel

–Felipe González dijo aquello de que “los ex presidentes son como grandes jarrones chinos en apartamentos pequeños. Se supone que tienen valor y nadie se atreve a tirarlos a la basura, pero en realidad estorban en todas partes”. ¿Cómo diría usted que tratamos en este país a los Nobel?

–Ah pero, ¿les tratamos? Creo que nuestros Nobel no son jarrones chinos, sino sombras en la pared. Enciendes el televisor y se van.

–¿Cuál de los actos de conmemoración del centenario que tiene preparados le emociona especialmente?

–El de hoy, 11 de mayo, cuando se cumple el siglo del nacimiento de CJC. Mi tío Jorge dará una conferencia en Coruña. Y nuestra familia irá al cementerio de Adina, en Iria Flavia, a poder ser lejos de las cámaras.

–¿Qué le agradecerá siempre a su padre? ¿Y qué le reprochará?

–No tengo derecho a reprocharle nada. Y le agradeceré siempre su paciencia. Nunca me echó de casa.

Mis padres jamás me educaron a la manera común. No me decían lo que tenía que hacer, me daban una libertad absoluta y no me exigían cuenta alguna. Era yo quien tenía que entender qué debía hacer siguiendo su ejemplo. No sé si he sabido hacerlo.

–¿Cuál es la imagen que le gustaría que su hija conservase sobre Camilo José Cela? ¿Cómo le gustaría que lo recordásemos el resto de los españoles?

–Para el resto de los españoles me gustaría que a Camilo José Cela se le recordarse por sus libros.

Mi hija es otra cosa. Tiene que saber quién fue su abuelo, asumirlo, disfrutarlo y, a la vez, escapar de la trampa de la “nieta de”. Pero yo tampoco le dije nunca cómo hacerlo. Menos mal que, no sé cómo, ha terminado por averiguarlo.

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Camilo José Cela Conde y su padre en una ilustración de escribientes.com

 

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