Dolores Redondo: “Todo el mundo debería tener un hogar donde sentirse a salvo”

Camina feliz bajo esa incesante lluvia de premios y reconocimientos que han convertido a la Trilogía del Baztán en una obra sin final a la que cada día parece añadírsele un nuevo capítulo. Ha visto su nombre impreso en las portadas de decenas de países y el título de sus obras ha bailado desde las inclasificables grafías japonesas a las rígidas formas del alfabeto cirílico. Además, acaba de ser nominada en Reino Unido a los prestigiosos CWA Dagger Awards, a pesar de que apenas lleva un mes en este mercado, y este verano se va a hacer las américas con una gira por México, Colombia, Argentina… A Dolores Redondo es inútil preguntarle cómo es la vida después de un bestseller: “Todavía sigo surfeando. Me mantengo en la ola”, confiesa la escritora, que estará desde hoy y hasta el sábado participando en la Feria del Libro de Bilbao.

Dolores-Redondo
Dolores Redondo es la creadora de la exitosa Trilogía del Baztán. / Foto: web oficial

–Hace unos días se convirtió en la primera mujer en dar el pregón inaugural de la Feria del Libro de Madrid, ¿no le parece ciencia ficción? 

Ni siquiera sabe a triunfo, no debería ni mencionarse: casi da apuro. Es un poco kafkiano y me da rabia que la noticia haya sido esa, pero agradecí mucho la oportunidad y estoy muy orgullosa.

–¿Es un crimen hablar de “literatura femenina”?

Yo evito ese tipo de etiquetas, como la de femicrime. Creo que sólo hay dos clases de novela: la buena y la mala.

–Pero usted ha escrito una trilogía con una gran fuerza femenina y ha conseguido algo que generalmente se le resiste a muchas autoras: embarcar también al lector masculino. ¿Cómo lo ha logrado?

La trilogía está ligada a aspectos de la maternidad, de la que llega, de la que no llega, de la mala y monstruosa que destruye a sus criaturas… Muchos hombres me han confesado que las mujeres que les gustan son como Amaia Salazar: fuertes en el medio social y frágiles en otros aspectos de su vida. Uno no tiene una sola faz, estamos hechos de pequeños fragmentos y nuestro comportamiento no es igual en público que en privado: tanto para un hombre como para una mujer es un descanso poder bajar la guardia, dejar salir su parte más frágil. Todo el mundo debería tener un hogar donde sentirse a salvo, donde no llevar máscara.

–Se encuentra ya inmersa en su siguiente novela. Después de una trilogía superventas como la de Baztán, ¿el siguiente libro nace un poco acomplejado?

–[Risas] No, ¡qué va! Creo que haber tenido el apoyo de los lectores me da alas. En este nuevo libro hay distintos personajes y escenarios, pero en el fondo están los mismos intereses, la exploración del comportamiento humano. Me apetece mucho porque era una historia que tenía en mente antes de la trilogía y creo que el lector va a encontrar en ella lo que le ha gustado de las anteriores. De todos modos, la inspectora Amaia Salazar volverá.

–Hércules Poirot, Sherlock Holmes, Pepe Carvalho y ahora Amaia Salazar. ¿Por qué crean tanta adicción los personajes de novela negra y policíaca? 

–Peter Nadermann, el productor que adaptará la trilogía al cine, me decía que él sabía reconocer ese tipo de personajes que logran que el espectador se sienta identificado con ellos, porque tienen unos rasgos comunes. Tanto Salander, de Millennium, como Amaia, son fuertes, tremendamente profesionales y tremendamente frágiles, van mostrando su vulnerabilidad a lo largo de la historia. Ese matiz frágil permite que nos identifiquemos con los personajes, con esa parte de perdedor que todos tenemos. Además luego son capaces de superar el dolor y esas trabas para cumplir con su trabajo y eso los hace cercanos: hay mucha gente levantándose cada mañana con esos mismos sentimientos.

TRILOGIA BAZTAN
Portadas de las tres entregas de la trilogía

–¿Teme al “efecto” Salinger o Harper Lee, a ese silencio que a veces se apodera de los escritores?

–No, la verdad. Creo que no sentirse jamás así depende de que lo realmente importante de tu vida este bien cimentado. Todo lo que me está ocurriendo es un sueño hecho realidad, pero mi poder reside en el amor de los míos, en el orgullo de mi familia, en que estén bien.

–¿Qué libro nunca escribiría o le daría pudor publicar?

–Dudo que algo que estuviese dominado por el deseo de ser escrito no estuviese también dominado por el deseo de ser compartido. Eso sí, si hay algún género hacia el que siento rechazo es hacia el romántico pastelero, al amor sin traumas, dolor, lujuria… Empiezo a adornarlo porque el romántico puro me repugna un poco.

–¿Escribe diarios?

–Lo hacía cuando era adolescente. Ahora creo que las redes sociales cumplen un poco ese papel. Facebook es como un diario moderno, pero yo calibro bastante mi intimidad. Tengo una vida privada y otra pública y están  perfectamente delimitadas: no hay fotos de mi marido, ni de mis hijos, ni de mis amigos, ni del interior de mi casa… no tengo la necesidad de plasmarlo y compartirlo todo.

–Dolores Redondo es ya una asistente indispensable en festivales y citas literarias como los Premios Planeta, los Nadal… ¿Puede confesar uno en esos ambientes que tal clásico es aborrecible o que se queda dormida en el cine?

–Uno se va decantando y termina mezclándose con los que tienen sus afinidades, Alicia Giménez Bartlett te diría sin cortapisas qué libro le parece un tostón, Clara Sánchez, Carmen Amoraga y Víctor del Árbol son absolutamente sinceros, muy naturales… Visto desde fuera hasta yo misma creí que era todo más serio, pero cuando estás allí hay mucha más normalidad y, si sabes rodearte de la gente adecuada, puede llegar a ser muy divertido.

Dolores Redondo crime scene
Redondo en la recreación de una escena del crimen. / Foto: Facebook

–Cada vez hay también más rostros populares que sacan su propio libro: presentadores, famosos… ¿les dispararía a bocajarro una crítica demoledora?

–Hay algunas sorpresas maravillosas, como Máxim Huerta, al que le diría que se dedicase sólo a escribir. Creo que si te acercas a alguien tiene que ser para algo positivo, constructivo. De un libro que no me gusta, no digo nada.

Conserva las cartas de rechazo de las editoriales a algunos de sus textos, ¿lo hace por orgullo o por prudencia?

–Lo hago como recordatorio. Para saber que no es un tiempo que se haya pasado para siempre. Son cosas que tienes que tener presente. Creo en la humildad personal, en la pública no, eso es postureo; y se debe mantener el respeto por lo que haces y para quien lo haces, no perder nunca la noción del camino por el que has venido y saber que las escaleras se suben y también se bajan.

¿En qué situaciones suscribiría a Bartleby, el escribiente y diría eso de “preferiría no hacerlo”? 

–Hay una cosa que he tenido que hacer un par de veces y me da un poco de rabia: cuando para un reportaje o una entrevista me piden que me vista de una manera concreta. Disfrazarme me encanta, pero me refiero a esos momentos en los que me confunden con mi personaje y me pidan tener el aspecto que ellos imaginan que debería tener Amaia. Y me he agarrado cada catarro porque me piden irme al monte a hacerme las fotos… ¡La próxima novela va a ser en un parador al lado de la chimenea! [Risas]