Frida Kahlo, brochazos poéticos

Para quien se sintió remendada, atada a un colchón, cosida a un cuerpo lleno de taras y traicionada por el espejo, resultó fácil convertirse en surrealista sin calarse los pies en la playa de lo onírico: “Nunca pinto sueños o pesadillas, pinto mi propia realidad”, llegó a afirmar Frida Kahlo. La artista mexicana, reivindicada como icono popular más allá de su obra pictórica, fallecía tal día como hoy, hace 61 años. Se terminaba así una horrible etapa en la que sus dolores y padecimientos se habían incrementado después de que le fuese amputada una pierna por peligro de gangrena. Su martirio quedó perfectamente condensado en la última frase que anotó en su diario: “Espero alegre la salida y espero no volver jamás”. Una lúcida y poética cita, un anzuelo a los sentidos, una llorada reflexión que es, precisamente, la faceta de Frida Kahlo que hoy queremos reivindicar: la de escritora.

Aunque la artista mexicana no publicó ningún libro, tampoco resulta difícil encontrarnos con anotaciones llenas de hondura, ritmo y un mimado lenguaje en sus diarios. Algunas de estas anotaciones se han quedado registradas en la memoria colectiva como inspiradoras frases célebres, entre las que la de “pies, para qué los quiero si tengo alas para volar” suele ser un ejemplo recurrente.   

pies frida kahlo
Una de las páginas del diario de Frida Kahlo, en la que se observa cómo pintura y escritura comparten espacio

Lo prodigioso de sus escritos es que son documentos de una incuestionable particularidad. No es de extrañar que para la publicación de El diario de Frida Kahlo. Un íntimo autorretrato (Vaca Independiente y Editorial RM) se eligiese la edición en formato facsímil a todo color: de otro modo no se podría disfrutar de un libro en el que la fuerza pictórica de la artista se mezcla con sus textos y reflexiones. La obra, que permaneció oculta durante más de 40 años, recoge la última década de la mexicana y ha sido considerada por investigadores de su legado como una suerte de ensayo creativo que permite al lector contemplar la gestación de sus cuadros. Gaëlle Hourdin y Modesta Suárez lo resumen así: “Tanto en estas páginas-poemas como en el resto del diario, estamos ante un espacio paleta de la creadora, laboratorio de lo íntimo, momento de caos y de génesis, gestación antes de la creación”. Las autoras destacan el valor de este documento más como autorretrato que como dietario (el registro de los días sufre alteraciones y no se encuentra ordenado cronológicamente) en el que las “palabras e imágenes tampoco se reparten de manera equitativa en cada página, sino que coexisten, se superponen, luchan entre sí por el espacio”.

Porque, al menos aquí, las palabras no valen menos que la pintura para Frida Kahlo. Cultiva la metáfora, la aliteración, busca la belleza y la rítmica de un poema. Lo podemos comprobar en uno de los muchos textos que le dedica a su marido Diego Rivera.

“Niño amor. Ciencia exacta. Voluntad de resistir viviendo, alegría sana. Gratitud infinita. Ojos en las manos y tacto en la mirada. Limpieza y ternura frutal. Enorme columna vertebral que es base para toda la estructura humana. Ya veremos, ya aprenderemos. Siempre hay cosas nuevas. Siempre ligadas a las antiguas vivas. Alado, mi Diego, mi amor de miles de años.”

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El muralista mexicano es uno de sus temas obsesivos y recurrentes, como también lo fue en su pintura, como también lo fue en su existencia: “Jamás en toda la vida olvidaré tu presencia. Me acogiste destrozada y me devolviste entera, íntegra”. Al igual que en su obra pictórica, la belleza de los textos de Frida Kahlo reside en la forma en la que su biografía domina la composición, sin que intoxique la creatividad, y en el modo en el que la tristeza y el dolor vertebran el arte, pero no apagan el color ni la fuerza de una emoción que, aunque oscura, sostiene al conjunto y le da profundidad. Y es que Frida Kahlo, también por escrito ensaya el autorretrato, no deja de pintar el mundo mientras se contempla a sí misma.

Frida Kahlo y sus cartas híbridas

También en la correspondencia íntima que mantenía con su entorno, especialmente la que enviaba a Diego Rivera, se puede observar cómo Frida Kahlo convierte sus cartas en híbridos pictóricos y manuscritos en los que a las palabras de amor, tantas veces planteadas como reproches (“Mi amor, hoy me acordé de ti aunque no lo mereces tengo que reconocer que te amo”) se le suman coloridos dibujos, labios que lanzan besos…

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