La curiosa muerte de Tennessee Williams

Tennessee Williams foto

Tennessee Williams, el escritor que elevó la decadencia a poesía y que creó algunas de las obras teatrales más aclamadas de todos los tiempos, fue también la “sensatez torturada”, un autor libre, pero un hombre encadenado a sus adicciones y fantasmas. Tennessee Williams falleció, tal día como hoy, el 25 de febrero de 1983, a los 71 años, en lo que en un principio se creyó había sido una sobredosis de drogas, como se publicó en las primeras crónicas tras haber hallado su cadáver en la habitación 1.302 del hotel Elysse de Manhattan.

Tennessee Williams fotoSin embargo, su fallecimiento podría haber protagonizado un capítulo de la denigrante serie “1.000 maneras de morir”, ya que su muerte fue tan fortuita como curiosa. Aunque desde su entorno (especialmente su hermano Dakin) sostenían que había sido asesinado, lo cierto es que la autopsia apuntaba a una muerte accidental. En sus últimos días, el autor se había instalado en el hotel neoyorquino. A pesar de publicar decenas de obras en los años 70, atrás parecían quedar los días de gloria: no volvió a conseguir el favor del público con ninguna de sus nuevas propuestas. Su última pieza de éxito, La noche de la iguana, se había estrenado más de veinte años atrás. El creador de La gata sobre el tejado de zincUn tranvía llamado deseo y De repente, el último verano (todas ellas adaptadas a la gran pantalla) estaba sumido en una decadencia creativa y personal.

La prematura muerte de su pareja, Frank Merlo, de un cáncer fulminante, fue el inicio del proceso de declive de un hombre angustiado por la locura y por esa genética que parecía conducirlo irremediablemente hacia el abismo de la demencia (su hermana, inspiradora de algunos de sus mejores personajes, fue diagnosticada con una esquizofrenia e incluso le llegaron a practicar una lobotomía). Tennessee Williams sobrevivía entre los espacios de lucidez que su adicción a las drogas y al alcohol le permitían.

La noche de su fallecimiento se habían encontrado botellas de vino vacías y barbitúricos en su habitación, por lo que todo parecía apuntar a que su muerte se había producido por una sobredosis. Sin embargo, el informe forense desveló que se había encontrado un pequeño tapón, la tapa superior de un frasco de píldoras, obstruyendo su laringe. “La causa de la muerte fue la asfixia”, confesó el doctor Elliot M. Gross al New York Times. En teoría, lo que le ocurrió al escritor es que intentó abrir con la boca el frasco de barbitúricos y se atragantó con el tapón. Acababa así la vida de Tennessee Williams, el fabuloso dramaturgo que, sobre el papel, las tablas y la gran pantalla, consiguió remover a cientos de miles de espectadores en medio mundo con frases atormentadas como la que Maggie (Elizabeth Taylor) le soltaba a su marido Brick (Paul Newman) en La gata sobre el tejado de zinc: “No estoy viviendo contigo. Ocupamos los dos la misma jaula y nada más”.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.