Poesía y canción de autor: dos melodías que riman

El ritmo embriaga al final del verso como el poema se desliza bajo la canción. La música y la poesía siempre han sido planetas dispuestos a la colisión, al abrazo en la misma órbita, llámese esta métrica o pentagrama. Son dos artes que mantienen su independencia, pero que riman y se afinan con naturalidad: lo hemos podido comprobar con especial profusión en España, país en el que muchos cantantes pusieron melodía a las voces silenciadas del ayer y en el que no sólo hubo poetas dispuestos a subirse a escena, también hubo músicos que se zambulleron en el mercado editorial con un género a menudo reacio a las masas. Para reivindicar precisamente esta última faceta, el Centro Cultural Generación del 27 de Málaga se ha propuesto recopilar los poemas escritos por cantautores españoles en su revista de cultura El Maquinista de la Generación, que en su número de mayo ya publicó poemas de Aute, Juan Antonio Muriel, Pablo Guerrero y Pedro Pastor Guerra en la primera entrega de lo que aspira a ser una serie con continuidad.

La idea surgió tras organizar los ciclos de Son de primavera y Son de otoño, “cuya pretensión era mostrar la fructífera relación entre la música y la poesía escrita”, explica a Escribientes.com el director del centro cultural, José Antonio Mesa Toré. Tras ese contacto con diferentes músicos de estilos distintos se decidió dedicar la sección de poesía de la revista a sus textos, ya que, para Mesa, lo interesante de la perspectiva poética de un músico es que “cuando escribe un poema no pierde jamás de vista la melodía. Lo escribe pensándolo casi siempre como una futura canción”. Asimismo, entre las particularidades de estos poetas subraya que “el cantautor es un cronista de su tiempo, de la Historia pero sobre todo de la intrahistoria, de los problemas de seres anónimos y su poesía tiende a tomar partido, a aguijonear al poder, a denunciar la injusticia, a animar a la lucha. El cantautor tiene un contacto mucho más cercano, más estrecho con la gente que el escritor, y ese voluntario ejercicio de cronista y su relación con quienes los escuchan y siguen son argumentos que singularizan su poesía.” 

¿Qué fue de los cantautores?
aquí me tienen señores
aún vivito y coleando
y en estos versos cantando
nuestras verdades de ayer
que salpican el presente
y la mierda pestilente
que trepa por nuestros pies.

¿Qué fue de los cantautores?
De los muchos que empezamos,
de los pocos que quedamos,
de los que no se vendieron,
de los que no claudicaron,
de los que aún resistimos:
aquí estamos.
Cada uno en sus trincheras
haciendo de la poesía
nuestro pan de cada día.

[Extracto del poema Qué fue de los cantautores, de Luis Pastor]

El género poético vive, además, una edad dorada y sus libros han comenzado a colarse en las listas de los más vendidos. Lo curioso es que, en este fenómeno, han tenido una gran repercusión la nueva cosecha de cantautores españoles como Diego Ojeda, que acaba de lanzar Siempre donde quieras (Espasa) y, sobre todo, Marwan, cuyo último libro, Todos mis futuros son contigo (Planeta) va camino de confirmar el éxito de su primera colección de poemas La triste historia de tu cuerpo sobre el mío (Noviembre), que vendió más de 25.000 ejemplares. Sin embargo, para el director del Centro Cultural Generación del 27, si no se educa a las nuevas generaciones en “el amor a la poesía”,  corre el riesgo de convertirse en una situación transitoria, auspiciada sólo por el éxito de los artistas: “Si estos poetas no hubieran triunfado antes como cantantes, mucho me temo que ya habrían retirado de las librerías sus libros de poemas para ser guillotinados en los almacenes de las editoriales. No le pidamos peras al olmo: un libro de poemas únicamente llega a best seller si se trata de un clásico y su autor está bien muerto”, opina Mesa.

En cualquier caso, si el idilio entre poesía y ventas masivas es un viaje de no retorno o una experiencia con fecha de caducidad sólo el tiempo lo dirá. Lo que es imposible dejar de reconocer a nuestros cantautores, amén del talento que cada uno muestra en esta escurridiza disciplina, es que han ayudado a romper la marginalidad del género poético, a hacerlo más popular. No sólo porque consagrados como Aute o Sabina se lanzaron a publicar libros de poesías, sino también, y sobre todo, porque hay poetas que “de no ser por haberse adaptado musicalmente, no habrían llegado a un público tan numeroso. Muchos conocieron a Antonio Machado, a Lorca, a Miguel Hernández, a Gabriel Celaya, a José Agustín Goytisolo gracias a los cantautores. El escuchar sus poemas adaptados musicalmente les llevó luego a sus libros. Muchos aprendieron a amar la poesía escrita como consecuencia de haber tomado el primer contacto con ella a través de la música. Así que creo que este hecho fue bueno para la poesía en general”, afirma Mesa, antes de subrayar que los escritores poscritos durante el franquismo se convirtieron en la mejor bandera para enarbolar contra la dictadura. “El grito de aquellos poetas seguía estando vivo, más vivo que nunca, y a las generaciones que habían sido niños en la guerra o que nacieron después de ella aún les llegaba al alma y les servía para sus objetivos de libertad y democracia”, comentaY ese sí que fue un camino sin vuelta atrás: la reivindicación de la poesía y de los poetas por parte de los cantautores llegó para quedarse. Y continua hasta hoy. Larga vida al verso y a la melodía.

[I]
Bendita sea la canción desnuda
sin el beso de Judas Gamoneda,
maldita santa Rita en almoneda
con medalla de boina tartamuda.
Bendito calcetín sin fe ni muda,
huésped contrito del amor en veda,
galletas con café, lija de seda,
sin Cristo, ni Yahvé, ni Freud, ni Buda.
¿Qué será de mis íes sin tus puntos,
de mi solo de baba sin adjuntos,
de la Kontiki a solas con tu silla?
Ángel querido, ¿quién vacuna ahora
mi sarpullido al margen de la aurora,
mi verso tan viudo y con ladillas?

[II]

A la hora de don Juan y de don Mendo,
de Bradomín, del carro de Pandora,
del sarro de la nuit que nos devora
nunca te oí decir: vámonos yendo.
Arcángel de la duda en comandita,
posguerra del dos mil, difunto mío,
por los baipases del escalofrío
se desangra mi sangre huerfanita.
Este año que nació sin primavera
murió de viejo tan recién nacido
como el olvido al pie de una escalera.
González en goliardo, qué apellido
bastardo del marido de cualquiera,
qué muerte al por mayor, qué sinsentido.

[Poema para Arcángel González, de Joaquín Sabina]

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