#reseña: “Asesinos sin rostro”

asesinossinrostroVarón. 67 años. Complexión media. Rasgos escandinavos. Respondía al nombre de Henning Mankell y, desde el pasado lunes, ha dejado huérfana a la novela negra contemporánea. Y al personaje al que le debe gran parte de su fama: el detective Kurt Wallander. Ya que, por definición del género, los óbitos empiezan por el final de una vida, resulta imprescindible recuperar también los inicios, el comienzo de todo, para que la despedida no se convierta en una mueca vacía. Por eso hoy, en escribientes.com hablamos de Asesinos sin rostro (Tusquets), la primera de las doces novelas en las que aparece el afamado policía que haría a Mankell valedor de prestigiosos premios como el Pepe Carvalho.

Amanecemos un 8 de enero de 1990 en la campiña de Escania, al sur de Suecia, el lugar elegido por Mankell para trasplantar el género negro, sembrando de sospechas paisajes bucólicos y tranquilos. Descubrimos que la incertidumbre es el peor de los terrores. Y que también se puede cometer un violento doble asesinato en las zonas agrestes de Suecia. Que se puede matar con una violencia extrema a un matrimonio de campesinos y darle de comer a su caballo. Que puedes despertar viejas iras, servir en bandeja nuevas víctimas, con una filtración interesada. “La diferencia entre las ciudades grandes y las zonas rurales pronto se habrá borrado del todo. El crimen organizado es importante en Malmö. Las fronteras abiertas y todos los transbordadores son como terrones de azúcar para la mafia”, relata Mankell en Asesinos sin rostro.

La palabra “extranjero” ahogándose en la garganta de una de las víctimas cambia el curso de los hechos. Los miedos se confirman. Las iras se desatan. Y la creciente xenofobia empieza a justificar sus propios crímenes. Porque Mankell no se olvida de sumergir la crítica social bajo la máscara del género. Y en medio de las incógnitas, Kurt Wallander contempla la deriva de los acontecimientos y de sus temores personales. Porque el atractivo de Asesinos sin rostro no es sólo la resolución de un caso, sino la resolución de una vida. En este primer libro sobre Wallander, el lector busca inconscientemente resolver también los misterios que rodean a ese detective recién divorciado, que se ha distanciado de su hija, que despierta la decepción de su padre. El enigma del doble asesinato transcurre con la misma intensidad que los propios enigmas del policía.

Y ese es el mayor acierto de Mankell, cómo perfila a su protagonista. Cómo lo aleja del pedestal de héroe y lo acerca al común de los mortales. Wallander no es arrogante ni engreído, está lleno de angustia, de inseguridades. No es un tipo duro: pliega su voluntad ante las mujeres que le importan con la misma facilidad que lo hace ante la comida rápida. Wallander tiene diarrea, se olvida de lavarse los dientes, prefiere volver a fumar a seguir engordando, le obsesiona el tiempo, que el termómetro se desplome bajo cero, le preocupan la pérdida de la independencia, la soledad, la muerte. Progresa, fracasa. Wallander es uno más. Uno más de esos que cada mañana mastican sus miedos y afrontan su trabajo con toda la dignidad que les es posible. Y Mankell sabe hacerte partícipe de su vida. No se trata de sentirla como propia, sino de sentirla cercana. Y lo consigue.

En el ejercicio de desmitificación, de aproximación a la realidad más cruda, Mankell también dibuja una comisaría en la que la burocracia, el error, los casos secundarios, los jefes, los malos días, las épocas de sequía, complican todavía más la resolución de un crimen. No finiquita con elipsis la narración de estos detalles, se regocija en las semanas en blanco, que no llevan a ningún lugar, en los falsos culpables, en las pistas equivocadas, en los pequeños asuntos domésticos que minan la autoestima y el ánimo. Asesinos sin rostro es, en definitiva, un libro de género, bien tramado, en el que se disfruta del empeño de Mankell en acercarnos a sus temas y a su protagonista, que nos agrede (y agrada) con su feroz realismo.

henning mankell

13 citas de Asesinos sin rostro para sumergirnos en el universo Mankell

  • Sobre la vejez:

“Con la edad, el temor se mete en el cuerpo y cada vez se ponen más cerraduras; nadie olvida cerrar una ventana antes de que caiga la noche”

“No hay nada tan duro como estar obligados a ser padres de nuestros padres”

  • El mantra de Wallander y sus reflexiones

“Hay un tiempo para vivir y otro para estar muerto”

“Aunque el trabajo policial se hacía en equipo, pensaba que los asesinos eran suyos”

“La seguridad y la justicia no significan solamente que se castigue a las personas que hayan cometido crímenes. Igual de importante es que nunca nos demos por vencidos”

“Nunca había tenido un carácter filosófico. No había sentido la necesidad de buscarse a sí mismo. La vida era un juego alternativo entre diferentes asuntos prácticos que esperaban tener solución” 

  • Sus inseguridades

“Sintió que aún no tenía fuerzas para estar sobrio. ‘Soy una mierda de policía’, pensó. ‘Un policía de dudosa reputación”.

“‘Quizás haga falta otro tipo de policías’, pensó. ‘¿Policías que no se impresionen cuando en una madrugada de enero estén obligados a entrar en un matadero humano en la campiña sureña de Suecia? ‘¿Policías que no sufran mi inseguridad y angustia?'” 

“Comprendió que sentía la misma angustia insegura que otras muchas personas. Angustia frente a los desconocido, lo diferente”

  • Sobre la sociedad

“Suecia se había convertido en un país donde la gente, ante todo, temía que la molestaran. Nada era más sagrado que las costumbres”

“‘Vivimos en la era de los nudos corredizos’, pensó. ‘La inquietud aumentará bajo el cielo'”.

  • Sobre la enfermedad y el cáncer

[Cuando Wallander descubre que su compañero Rydberg padece cáncer]: “No toleró que le ofrecieran compasión de ningún tipo”

 

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