Reseña: “Cicatriz”, de Sara Mesa

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“Si la muerte no me concede el deseo de desaparecer de la forma más impersonal posible, me gustaría que mi epitafio fuera: ‘Sólo quería escapar’. Sólo eso”. La frase de Knut, uno de los protagonistas de Cicatriz (Anagrama), la última novela de Sara Mesa, condensa el desencanto que arrastra a los personajes hacia una tormentosa relación cimentada sobre la necesidad de huir de nosotros mismos, de una existencia llena de ecos y vacíos, del confuso rastro que deja un cuadro cuando se descuelga de la pared.

libro-cicatrizCicatriz es un incómodo viaje por las relaciones personales, el poder y la degradación y la constatación, no menos molesta, de que ninguna relación tóxica puede generarse sin cierto grado de complicidad. Y es ahí donde reside el poder narrativo de Sara Mesa: en su forma de desnudar a los protagonistas ante nuestros ojos, subrayando sus impurezas, sus cicatrices, sus debilidades y, al mismo tiempo, dotándolos de una incuestionable autenticidad.

Alcanzar la categoría de verdad en la ficción nunca es un logro fortuito. Mesa no es una excepción. Abre la novela con un plano general, frío, aséptico, que nos está relatando, sin que aún lo sepamos, uno de los momentos claves en la relación de Sonia y Knut, la extraña pareja que protagoniza Cicatriz. Y es ese tono distante el que elige también para la narración, en tercera persona. Sin embargo, la fórmula no conduce al desafecto porque –y ahí entra en juego la habilidad de Mesa– todo se mezcla con el testimonio directo y el plano detalle, íntimo, de la correspondencia que se intercambian (vía mail y postal) los personajes.

La temporalidad fragmentada añade interés a la narración y, sobre todo, la dota de mayor naturalidad: nuestra mente también recrea con continuos saltos en la línea cronológica, un efecto perturbador que nos desorienta entre nuestros propios recuerdos. Al igual que sus personajes, cíclicos en sus perversiones, Sara Mesa reconoce volver en Cicatriz a temas ya recurridos en textos anteriores: las relaciones de poder, el robo como categoría moral, la obsesión… Pero lo hace con una escrupulosa selección de palabras indispensables –las que han sobrevivido a la criba de la propia autora, que confesó en una entrevista haber reducido más de 60 páginas la extensión de esta novela– que sostienen la narración sin que aparezcan distracciones ni florituras vanas.

Lo más llamativo de Cicatriz es la pulsión voyerista con la que el lector acompaña a los personajes mientras se asoman al abismo de la autodestrucción. No despiertan empatía, no resultan tiernos, ni siquiera agradables en muchas ocasiones, pero sus problemas parecen reales y sus vidas, de verdad. Es ahí donde reside toda su fuerza. Pero no nos engañemos: la historia que narra Cicatriz naufragaría a manos de cualquier otro autor. El atractivo de esta novela reside en la poderosa narradora que está detrás de ella.

Cicatriz: 5 frases para pensar

“La apatía se extiende como un cáncer”

“Para comprar las cosas basta con tener dinero. Para robarlas, dice, son precisas otras cualidades”

“Es justo en lo privado, en lo más íntimo de cada uno de nosotros, donde hay que combatir la dejadez, la pasividad y la indolencia”

“Vistas de lejos, las cosas nunca cambian”

“Echar de menos un instante es echar de menos a aquel que éramos entonces”

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