#reseña: “Cosas raras que se oyen en las librerías”

JEN CAMBELL portadaSi para Holly Golightly, la emblemática protagonista de Desayuno en Tyffany’s, la joyería de la Quinta Avenida neoyorquina se había convertido en una especie de santuario en el que aliviar la angustia de los días rojos (“días en los que de repente se tiene miedo y no se sabe por qué”), las librerías podrían haberse transformado en el lugar de peregrinaje para estrambóticos, lunáticos y despistados. Al menos, es lo que se desprende del simpático retrato que Jen Campbell construye en su libro Cosas raras que se oyen en las librerías (Malpaso). Se trata de una divertida recopilación de hiperbólicas escenas que se suceden ante los atónitos ojos de los libreros, algunas de ellas aderezadas con hilarantes viñetas, ideales para reflejar el surrealismo de algunos diálogos.

Cosas raras que se oyen en las librerías se convierte así en una graciosa radiografía de esa variopinta fauna que asoma el hocico por estos establecimientos, gentes con sus inseguridades, sus ilusiones, sus fobias, sus dudas y sus niños trepando por las estanterías y que nos confirma que los libreros, indefectiblemente, están hechos de otra pasta. ¿Quién sino soportaría las impertinentes preguntas de clientes que piden una secuela del Diario de Ana Frank y se marchan horrorizados al descubrir que era una historia real y que la protagonista fue víctima del Holocausto? ¿Y las excentricidades de escritores locales que entran en la librería a recolocar sus libros para que estén más visibles? Por no hablar de los que piden consejo para regalar un libro y luego confiesan abiertamente que lo comprarán en Amazon…

viñeta 1viñeta2Los snobs, los entrañables ignorantes, los que creen que aquello es una biblioteca o, peor aún, una copistería, los superficiales, los apurados, los padres permisivos, los estrictos, … Incluso fascinantes personajes como el reo que acaba de salir de la cárcel y acude a la librería a comprar un ejemplar o la que espera encontrar al amor de su vida vagando entre las estanterías, todos tienen cabida en las páginas de este pequeño anecdotario que sabe arrancarnos una sonrisa y quizá reencontrarnos con nuestra propia torpeza. La edición española se completa con una breve recopilación de escenas nacionales que, si bien son algo más descafeinadas que las de Jen Campbell, nos permiten comprobar que las esperpénticas situaciones que se relatan en la versión original no son sólo exclusivas de otros países, sino endémicas en estas sociedades frenéticas y dislocadas en las que nos hemos convertido. Entre los patrios, los hay que se masturban en la librería, los que no recuerdan quién era el autor de El lazarillo de Tormes y quienes atribuyen a Lorca la creación de El fantasma de Canterville

Cosas raras que se oyen en las librerías es, en definitiva, un libro que nos acerca más a la estupidez humana, pero que milagrosamente consigue que, en vez de indignarnos, nos arranque una sonrisa. Una agradable lectura, a modo de enjuague, para liberarse a carcajadas.

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