#reseña “El amante”, de Marguerite Duras

el-amantePodría decirse que es uno de esos libros hechos para volver si no resultase imposible regresar a un lugar del que nunca se ha salido. Y hay algo en El amante, de Marguerite Duras, que nunca se abandona porque está y ha estado siempre en todos nosotros: en todo su descarnado desencanto, en su herida sensualidad, es uno de esos textos que se pueden leer con los mismos ojos, pero nunca con la misma mirada.

La propia autora, que le debe a esta novela el Premio Goncourt y la explosión de su popularidad, emitió juicios muy dispares sobre su obra, a la que incluso llegó a tildar de “mierda” folletinesca. Calificada de autobiografía, la propia autora rechazó esta etiqueta “aunque lo que haya escrito en el libro haya sido verdad alguna vez”Los paralelismos entre El amante y su vida son evidentes, pero Duras quizá defendía haber desarrollado en el proceso de escritura una perspectiva superior, capaz de elevarse sobre sus singularidades biográficas y aspirar a retratar sentimientos universales.

El amante supera las estructuras del relato tradicional, “nos llegan completamente dispersas, como los restos de un naufragio”, escribió el crítico literario Rafael Conte. Ráfagas de pensamiento, relieves que se leen mejor en los huecos, imágenes que adquieren movimiento, que se abandonan para saltar a otras, reflexiones amargas como el cítrico paso del tiempo. La novela retrata a una niña, a una vieja (¿acaso no es la adolescencia ese período difuso en el que todas las edades confluyen?) con los sentido al borde de las membranas, entregada a una eclosión sin ganas, a una vida futura que otros dibujan para ella, ahogada en un presente de miseria y decadencia en la Indochina, entre las orillas del odio y al amor a la madre, aborrecida ante la pasividad y las ensoñaciones bovarianas que desprenden las chicas de su generación.

“Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde”, escribe. La inexistencia, la soledad, el vacío que aprietan su cintura son abismos a los que la protagonista arroja su dolor y frustración con la esperanza (inconsciente) de que se empachen y no reclamen nada más de ella. El amante es una na vieja evocando el pasado y una niña invocando la madurez en unos zapatos de lamé dorado; el deseo, en un sombrero, la sexualidad, en la mirada de los hombres; y el atractivo en una pose y no en los cánones.

Una prosa suntuosa. Una pasión que devora. El hartazgo de esa espera que acaba transformada en una enfermedad crónica. Se trata de un libro en el que subyace esa lúcida decadencia de la resaca, que Marguerite Duras tan bien conoció. La autora llena el relato de contrastes: la infancia enmohecida, el deseo preñado de tristeza, la atracción de los cuerpos y su pulsión destructiva, esa curiosidad tan exenta de inocencia… El amante es un libro que quema, pero también una ilusión que arde y se consume.

marguerite duras

5 frases para reflexionar en El amante

“Tengo quince años y medio, en ese país las estaciones no existen, vivimos en una estación única, cálida, monótona, nos hallamos en la larga zona cálida de la tierra, no hay primavera, no hay renovación”

“El alcohol suplió la función que no tuvo Dios, también tuvo la de matarme, la de matar”

“Veo la guerra como él era, propagarse por todas partes, penetrar por todas partes”

“Nunca he escrito, creyendo hacerlo, nunca he amado, creyendo amar, nunca he hecho nada salvo esperar delante de la puerta cerrada”

“Si quiero conservarla debo dejarla libre” 

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