Reseña “Pulp”, de Charles Bukowski

último LIBRO BUKOWSKI

Para leer a Bukowski hay que estar dispuesto a abandonar la zona de confort, a vencer la ansiedad de comprar un billete sin destino, a calarse los pies en ríos de inmundicia, en las alcantarillas del pecado. Pulp (Anagrama), su última novela, es la seducción del esperpento, una carcajada chabacana, un efectista halago a “la mala escritura”. De hecho, es a ella a quien brinda Bukowski su dedicatoria.

último LIBRO BUKOWSKIEn Pulp,  el recurrente personaje de la obra de Bukowski, Henry Chinaski, hace también un pequeño cameo en la novela, pero el protagonismo recae en el detective de Los Ángeles Nick Belane: un fracasado con arrebatos trascendentales al que, de pronto, en un golpe de buena suerte, se le acumulan el trabajo y los cheques con adelantos para cubrir los 6 dólares/hora que cuesta su tarifa.

Con pinceladas de surrealismo y un tono tosco y soez  –que recuerda a Henry Miller, pero sin altanería ni pretensiones intelectualoides–, Bukowski enfanga al lector en el patetismo y le obliga a dejar a un lado los remilgos para pervertirse con el extraño encanto de este bochornoso detective que cae en el ridículo con la misma facilidad con la que se baja la bragueta.

Pulp recoge todos los tics del género negro para homenajearlo y, a la vez, burlarse de él. La femme fatal, encarnada en la sinuosa Miss Muerte, subraya ese runrún de lucidez existencialista que, de fondo, se adivina bajo la pátina de humor: la peligrosa atracción que despierta en él esta fémina no deja de ser una loa al desencanto.

Sus diálogos, rápidos, irónicos, ocurrentes, nos embarcan en el frenético ritmo de una trama en la que la parca, un escritor resucitado, un grupo de extraterrestres, un matrimonio adúltero y el enigmático Gorrión Rojo se enredan para llevarnos a un disfrute antiestético y gamberro.

La naturalidad con la que Bukowski rompe esquemas y corrompe la norma, convierten a Pulp en una novela fresca, original e indudablemente divertida.

Pulp en 13 fragmentos: humor y existencialismo

A veces me parece que ni siquiera sé quién soy yo. Bueno, sí, soy Nick Belane. Pero fíjate, si alguien grita: –Eh, ¡Harry!, ¡Harry Martel!–, casi seguro que le contesto: –Sí, ¿qué pasa?–. Quiero decir que yo podría ser cualquier otro. ¿Qué importancia tiene? ¿Qué tiene un nombre?

Caminando hacia la librería de Red me sentía un poco deprimido. El hombre ha nacido para morir. ¿Qué quiere decir eso? Perder el tiempo y esperar. Esperar el tranvía. Esperar un par de buenas tetas alguna noche de agosto en un cuarto de hotel en Las Vegas. Esperar que canten los ratones. Esperar que a las serpientes les crezcan alas. Perder el tiempo.

Me acerqué a él despacio. Me puse realmente cerca. Tan cerca que podía ver lo que estaba leyendo. Thomas Mann. La montaña mágica. Me vio.
–Este tipo tiene un problema –me dijo señalando el libro.
–¿Cuál? –le pregunté.
–Considera que el aburrimiento es un arte.
Devolvió el libro a su estante y se quedó allí sin hacer nada, con aire de Céline. Le miré.
–Esto es increíble –dije.
–¿El qué? –me preguntó.
–Yo pensaba que usted estaba muerto –dije yo.
Me miró.
–Yo pensaba que usted también estaba muerto –dijo él.
Entonces nos quedamos allí simplemente mirándonos el uno al otro.

–¿Quién sabe? La locura se establece por comparación. ¿Y quién dicta la norma?

Belane –me contestó–, me debes 475 dólares, no puedo tomarte nota. Antes tienes que hacer borrón y cuenta nueva. –Tengo una apuesta de 25. Eso hacen 500. Si pierdo, lo cubro todo, por el honor de mi madre.
–Belane, tu madre me debe 230.

El sexo es una trampa, un engaño. Es para los animales. Yo era demasiado sensato para ese tipo de mierdas.

Tenía que ser la resaca. Vodka mezclado con cerveza. Eso se paga. Lo bueno que tiene ser un borracho es que nunca estás estreñido. Algunas veces yo pensaba en mi hígado pero mi hígado nunca me hablaba, nunca me decía:
–¡Para! Tú me estás matando a mí y yo voy a matarte a ti.
Si tuviéramos hígados que hablaran no necesitaríamos Alcohólicos Anónimos.

–Grovers, esa mujer, esa… extraterrestre… hábleme un poco de ella.
–Dice que se llama Jeannie Nitro.
–Cuénteme algo más, señor Grovers.
–¿No se reirá usted de mí como la policía?
–Nadie se ríe como la policía, señor Grovers.

Al final es todo tan monótono. Follar, follar, follar. Bueno, la gente se engancha a algo. Después de que les cortan el cordón umbilical se enganchan a otras cosas. A la visión, el sonido, el sexo, el dinero, los espejismos, las madres, la masturbación, el asesinato y a las resacas de los lunes por la mañana

–Pero yo quiero que ella esté conmigo por mí mismo y no por un chantaje.
–¡Qué más da, chantaje, sentimentalaje!

Yo estaba indefenso. Podía sentir la muerte en el aire. Pero mi pasado no relampagueó frente a mí. Sólo una voz en mi cabeza que dijo: –Necesitas un neumático nuevo para la rueda derecha de atrás…

–¿Te gusto?
–Bueno, realmente no.
–Pues debería gustarte. Soy muy buena.
–¿En qué? ¿Sabes taquigrafía?
–¿Qué es eso?
–Escribir frases largas con signos cortos.
–No, pero sé convertir cosas cortas en largas.

Casi siempre lo mejor de la vida consistía en no hacer nada en absoluto, en pasar el rato reflexionando, rumiando sobre ello. Quiero decir que pongamos que uno comprende que todo es absurdo, entonces no puede ser tan absurdo porque uno es consciente de que es absurdo y la conciencia de ello es lo que le otorga sentido. ¿Me entienden? Es un pesimismo optimista.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.