Rosa Montero: “Sin la ficción me derrumbaría”

En este presente plegado a la filosofía de las etiquetas, del #hashtag, de la palabra clave, conviene asegurarse la clasificación, esa descripción “meta” idónea para que San Google nos eleve a los altares en este infinito océano de nombres propios. Sin embargo, antes de volcarse en la taxonomía, convendría subrayar la inutilidad del proceso para quien nos ocupa: estamos ante una autora que se siente cómoda en los espacios fronterizos, como polizón de las rarezas, que habita en los charcos de la intersección, que disfruta mordiendo el perímetro de los géneros, mezclando sus vísceras, arrancando complejos a esos monstruos literarios, los híbridos, que ha convertido en sus creaciones predilectas. Sí, hablamos de Rosa Montero, de esa escritora que, más que lectores tiene confidentes. Charlamos con ella sobre su última novela, El peso del corazón (Seix Barral), en la que recupera a Bruna Husky y en la que vuelve a demostrar sus habilidades como trilera literaria: nos sumerge en el futuro pero esquiva pronunciar la palabra progreso, escribe del mañana pero habla de este momento.

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El peso del corazón podría interpretarse como una metáfora de cómo el amor nos debilita y, extrañamente, nos hace más fuertes, ¿es la escritura un modo de mantenerse a salvo, flotando entre esas dos orillas?

Es verdad que en El peso del corazón hay muchos ingredientes; es una novela futurista, de detectives y de aventuras, es una novela existencial, política… Y, desde luego, una novela de amor. El amor, la pasión y sus sombras tienen una importancia enorme en el libro. Y es cierto que de alguna manera nos debilita o eso es lo que Bruna teme, pero al mismo tiempo sin amor no existe una vida que merezca la pena llamarse vida, así que el amor es la única manera de fortalecernos… En cuanto a la escritura, es más que eso. La escritura es un esqueleto exógeno que me mantiene en pie, forma parte de la estructura básica de mi personalidad. Como la mayoría de los novelistas empecé a escribir de niña y desde que me recuerdo como persona me recuerdo escribiendo. Sin la ficción me derrumbaría y me quedaría pegada al suelo como un moco.

Conflictos armados, fanatismos, problemas medioambientales, desigualdad… estamos ante un thriller policíaco de ciencia ficción, pero ¿no cree que al final ha resultado ser una de sus obras más realistas?

Jajaja, claro. Siempre lo digo. Yo creo que tanto Lágrimas en la lluvia, la anterior novela de Bruna Husky, como El peso del corazón, la nueva, son las novelas más realistas que he hecho. La ciencia ficción es una maravillosa herramienta metafórica para hablar de la condición humana, del presente, del aquí y el ahora.

–¿Son los años los que dan alas a la imaginación o el dolor el que nos conduce a esa tabla de salvación?

Los años dan oficio, te permiten ser más hábil a la hora de construir un personaje, diseñar una escena. Pero la imaginación, la creatividad, es algo que no manejas, que sale del inconsciente. Y yo creo que todos escribimos contra el mal y el dolor. “El arte es una herida hecha luz”, decía Georges Braque. ¿Qué podemos hacer con nuestras heridas, sino intentar convertirlas en luz?

–A sus replicantes les implantan una memoria artificial para darles una profundidad humana. ¿Qué cree que deberíamos traer nosotros de serie en el disco duro para ser mejores?

La empatía. Si todos tuviéramos una dosis de empatía suficiente se acabarían las barbaridades en el mundo, porque tu no puedes matar, violar ni torturar a alguien a quien ves como un hermano.

–Ha declarado en más de una ocasión sentir debilidad por Bruna Husky, a la que considera uno de sus mejores personajes. Le quedan tres años, ocho meses y treinta días, ¿quién lo lleva peor, ella o usted? ¿Habrá más novelas que tengan como protagonista la intuición salvaje de esta detective?

Jajaja, yo creo que las dos lo llevamos fatal. Vamos, es en una de las cosas que más nos parecemos Bruna y yo, en esa obsesión por el paso del tiempo. En ese odio a la muerte. En esta voracidad por la vida que siente todo aquel que está muy consciente de su propio fin. Y sí, ¡sí! Claro que habrá más novelas. Ya se me ha ocurrido la tercera… tardará un poco porque antes tengo que terminar otra novela que no tiene nada que ver, pero después vendrá una tercera Bruna. Pero todas se pueden leer de manera independiente, son historias que empiezan y acaban en sí mismas.

–¿Soportaría Rosa Montero esa abominable cuenta atrás con la que se tortura Bruna? ¿Querría saber el tiempo exacto que le queda?

Noooo, por supuesto que no, los humanos nos las apañamos para aguantar nuestra condena a muerte porque no sabemos cuando se ejecutará, lo contrario es demoledor. Insoportable.

9788432224195Si fuese posible, ¿le atraería la idea de criogenizarse, esa aproximación a la inmortalidad?

Puf. No me lo creo mucho, la verdad. Pero si la técnica estuviera de verdad probada, pues… Tengo una curiosidad tremenda por el futuro, sí.

–Pese a que siempre ha confesado tener debilidad por los enanos, para los que siempre tiene un guiño en sus libros (incluido en este), a Bruna Husky la ha hecho una mujer intimidantemente alta, ¿podría interpretarse como un cambio de perspectiva en su obra?

–Jajaja, nooooooo….. Bruna tenía que ser alta. Lo cual no quita para que los personajes pequeños sigan siendo mágicos para mí.

–Como autora, ¿cree que en esta distopía ha encontrado su particular Macondo?

–Yo no creo que sea una distopía para nada. Es un libro esencial y radicalmente realista. No es un futuro apocalíptico ni catastrófico, es un futuro perfectamente equiparable a nuestro presente. Es más, yo creo que nuestro mundo es un poco peor que el mundo de mi Bruna. Y sí, es una verdadera maravilla poder crearte un mundo literario propio con unos personajes estables que para ti, además, son poderosos. Poder visitar ese mundo, que es mío, cuando quiera, es algo fabuloso.

–Suele ser reticente a las cuestiones autobiográficas, pero cuando se ha aproximado al género en La loca de la casa y La ridícula idea de no volver a verte lo ha hecho con éxito. ¿Se animaría a escribir sus memorias? ¿Lo hace por pudor o por no hacerle un desplante a la imaginación?

–Jajaja, no creo que escriba jamás una autobiografía porque mi memoria es totalmente mentirosa y lo que recuerdo es una fabulación. A decir verdad creo que todas las memorias de los  humanos son así, mentirosas, creo que lo que recordamos es un cuento, pero vamos, en mi caso es un cuento llevado al extremo, tengo una memoria real malísima y una imaginación que lo ocupa todo. La loca de la casa es autoficción y muchas de las cosas que se cuentan son puros inventos. Por ejemplo, la escena esencial del libro es el capítulo en el que relato cómo mi hermana desapareció durante tres días en la niñez, pero resulta que no tengo ninguna hermana y que no desapareció nadie en absoluto, todo es ficción. Pero emociona porque en la ficción puede haber más verdad y más autenticidad que en los textos biográficos.

–Después de décadas consolidada como una de las escritoras más vendidas del país, ¿le siguen emocionando las ferias, las firmas, los encuentros con los lectores? ¿Se haría un clon para cumplir con las tareas más tediosas de la vida?

–Lo que es tedioso es hacer la promoción de un libro, tedioso y cansado, viajar y viajar de acá para allá respondiendo inevitablemente a las mismas preguntas cien veces y terminando muy harta de oírte a ti misma. Pero el contacto con los lectores jamás es tedioso, firmar en las ferias es maravilloso, yo me siento bendecida por los dioses cuando viene gente a decirme que me lee, a comentar conmigo un libro, me siento tan agradecida que no sé cómo pagarles ese regalo tan maravilloso de su afecto. Sin lectores, escribir no tiene ningún sentido.

–En el futuro que dibuja en su novela, los proyectos de explotación geológica en Marte son los que propician la creación de los androides. De momento, en nuestro presente, lo que tenemos son seres humanos dispuestos a embarcarse en una expedición al “planeta rojo” sabiendo que no podrán regresar a la Tierra. ¿Qué opina?

–Me parece fascinante que haya humanos dispuestos a eso. Ya los ha habido antes…. Los vikingos que fueron a Groenlandia, los españoles que atravesaron los Andes, los exploradores de las selvas no marcadas en los mapas, los Scotts que fueron a los Polos,… Somos una especie paradójica: juvenil y gamberra y cruel y falta de criterio y de responsabilidad, pero también heroica y aventurera y llena de curiosidad.

Rosa Montero
Entrevista a Rosa Montero en TVE en 1979

–Uno de los problemas de esa civilización belicosa que retrata en su novela es ese afán por enarbolar banderas y levantar fronteras, “como si encontraran su identidad precisamente en el hecho de odiar a alguien”. ¿Cree que la crisis ha favorecido que estemos construyendo orgullos patrios precisamente por oposición y rencor?

No especialmente. Creo que ese es un rasgo del ser humano desde el principio de los tiempos. En periodismo hablas de los árboles; en la novela intentas hablar del bosque. Así que cuando escribo una novela no hablo de esta crisis que vivimos…. hablo o intento hablar de la condición humana. Y por desgracia ese rasgo de encontrar la identidad odiando al otro es absolutamente reconocible en todas las sociedades y todas las épocas.

–Usted, como madrileña y testigo y periodista de la época de Transición y cambio, ¿también ve a Manuela Carmena como un trasunto de Tierno Galván? ¿Qué le ha parecido que un diario como The Guardian calificase a Esperanza Aguirre y a la entonces candidata de Ahora Madrid como dos “abuelas” postulándose a la alcaldía de la capital?

–Son abuelas, de eso no cabe la menor duda, pero nadie llama abuelo a, por ejemplo, Anibal Cavaco Silva, el presidente de Portugal, que tiene 75 años. Es puro sexismo. Y yo espero que Manuela Carmena no sea un trasunto de Tierno. No estamos en la Transición, la vida es hoy muy distinta y la situación también. Yo espero buenas cosas de ella y para eso hay que ser una política de 2015.

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