“¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” en 5 frases

first-american-editionNo resulta sencillo rehuir de la manida comparativa entre la novela de Philip K. Dick y la adaptación cinematográfica de Ridley Scott Blade Runner (1982) cuando se afronta una reseña sobre el clásico de la ciencia ficción ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968). Para intentar esquivar los lugares comunes, nos hemos propuesto resaltar el magnetismo de esta novela destacando cinco fragmentos del libro que harían reflexionar hasta al lector más escéptico. Y es que hay dos cualidades que hacen de la ciencia ficción un género singular y apasionante: por un lado, la facilidad con la que despierta nuestra capacidad de asombro, esa fascinación infantil con la que descubrimos otros mundos, otras vidas posibles, otros futuros. Y, por otro, la prodigiosa naturalidad con la que la crítica social se filtra por los poros de esa fabulación de futuro para alumbrar las miserias de nuestro presente haciendo que parezcan ridículas, exageradas y grotescas, pero, desgraciadamente, reales y tangibles… Si hay algo que parecen empeñados en subrayar los autores de Sci-Fi es que el avance no representa el progreso: los defectos de la humanidad no sólo permanecen, sino que a menudo suelen intensificarse.

1-. ¿Para qué regular las emociones de una manera artificial?

—He observado que jamás vacilas en gastar las bonificaciones que traigo a casa en cualquier cosa que atraiga momentáneamente tu atención —se puso de pie y se dirigió a la consola de su órgano de ánimos—. No ahorras para que podamos comprar una oveja de verdad, en lugar de esa falsa que tenemos arriba. Un mero animal eléctrico, cuando yo gano ahora lo que me ha costado años conseguir —en la consola vaciló entre marcar un inhibidor talámico (que suprimiría su furia), o un estimulante talámico (que la incrementaría lo suficiente para triunfar en una discusión.)

—Si aumentas el volumen de la ira —dijo Irán atenta, con los ojos abiertos— haré lo mismo. Pondré el máximo, y tendremos una pelea que reducirá a la nada todas las discusiones que hemos tenido hasta ahora. ¿Quieres ver? Marca… Haz la prueba —se irguió velozmente y se inclinó sobre la consola de su propio órgano de ánimos mientras lo miraba vivamente, aguardando.

Él suspiró, derrotado por la amenaza.

2-. La empatía, ¿una debilidad o una fortaleza?

Era obvio que la empatía sólo se encontraba en la comunidad humana, (…) exigía un instinto de grupo sin cortapisas. A un organismo solitario, como una araña, de nada podía servirle. Incluso podía limitar su capacidad de supervivencia, al tornarla consciente del deseo de vivir de su presa. Y en ese caso, todos los animales de presa, incluso los mamíferos muy desarrollados, como los gatos, morirían de hambre. En una ocasión había pensado que la empatía estaba reservada a los herbívoros o a los omnívoros capaces de prescindir de la carne. En última instancia, la empatía borraba las fronteras entre el cazador y la víctima, el vencedor y el derrotado.

3-. El vacío material, ¿tenemos existencias huecas?

Kippel son los objetos inútiles, las cartas de propaganda, las cajas de cerillas después de que se ha gastado la última, el envoltorio del periódico del día anterior. (…) Nadie puede vencer al kippel —continuó—, salvo, quizás, en forma temporaria y en un punto determinado, como mi apartamento, donde he logrado una especie de equilibrio entre kippel y no-kippel, al menos por ahora. Pero algún día me iré, o moriré, y entonces el kippel volverá a dominarlo todo. Es un principio básico: todo el universo avanza hacia una fase final de absoluta kippelización.

4-. Moverse sin avanzar, ¿una costumbre adictiva?  

—No es solamente una falsa memoria —dijo Resch—. Yo tengo un animal, no un seudoanimal sino uno verdadero, una ardilla. Y quiero a esa ardilla, Deckard. Todas las mañanas le doy de comer y limpio su jaula. Y por la noche, cuando vuelvo del trabajo, la dejo en libertad en mi piso y ella corre por todas partes. Tiene una rueda en la jaula. ¿Alguna vez ha visto correr una ardilla dentro de una rueda? Corre y corre, y la rueda gira, pero la ardilla siempre está en el mismo lugar. Y sin embargo, a Buffy eso le gusta.

—Supongo que las ardillas no son muy inteligentes —dijo Rick.

5-. Compartir no es sinónimo de perder

—Ellos recibirán nuestra alegría —replicó Rick—, pero nosotros cambiaremos lo que sentimos por lo que ellos sienten y la perderemos. La pantalla de la caja de empatía mostraba una corriente de vivos colores sin forma; conteniendo la respiración, Irán cogió con fuerza las asas.

—No perderemos realmente lo que sentimos, si lo tenemos claramente en el espíritu. Nunca has sentido del todo la fusión, ¿verdad, Rick?

Nota freaky: romanticismo androide

Tratándose de un post sobre citas de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, no podíamos evitar hacer un guiño romántico para los fans de la novela. Y es que, ¿puede una androide hacer una declaración de amor más bella que la que Rachael Rosen le hace a Rick Deckard?

Me gustas —respondió Rachael—. Si entrara en una habitación y viera un sillón tapizado con tu piel marcaría un punto muy alto en la escala de Voigt-Kampff.

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