Zascas literarios (I): del “puerco” de Cervantes a “Que-Bebo”

Ni siquiera ser un prodigio de las letras pone el ego a salvo del pecado de la vanidad, como tampoco el éxito y el talento nos salvan de la envidia y el recelo. Habida cuenta de su virtuosismo a la hora de ejecutar ese arte de juntar letras, los autores suelen ser además fieros críticos y dañinos enemigos. Lo admitía John Banville cuando, en una entrevista a Faro de Vigo, afirmó que “los escritores somos mala gente” y confesó que su mujer suele decir que “a los escritores se os debería leer, pero jamás conocer”. A lo largo de la historia de la literatura, han sido muchos los plumillas que han lamentado haberse conocido y que se han proferido chanzas más o menos elegantes y creativas. En escribientes.com nos hemos propuesto recopilar algunas de las más divertidas en la serie “Zascas literarios”, que hoy comenzamos con cuatro ilustres autores clásicos:

Cervantes Vs. Lope de Vega

Eran en muchos sentidos una antítesis que predisponía a la confrontación: el creador del Quijote, quince años mayor que Lope de Vega, soportaba apuros económicos y nunca había gozado de la popularidad que alcanzó el segundo, quien miraba sin pudor por encima del hombro a Cervantes. Además, a la hora de señalar en qué textos se hacía gala de una mayor soberbia y crueldad, no se puede dudar en destacar al exitoso Lope. Tal y como recoge Tomás S. Tómov en el artículo Un caso de enemistad literaria, “en estas relaciones tensas entre ambos, el papel generoso y reconciliador pertenece a Cervantes […] Al revés, el encarnizamiento, la saña, las expresiones crudas, la intransigencia corren de parte de Lope”. Juzguen ustedes mismos sus sonetos: en el primero, Cervantes (izda.) se burla de la obra dramática de Lope; y en el segundo Lope (dcha.) responde, sin escatimar en insultos, a sus versos.

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Góngora Vs. Quevedo

Protagonizaron también su particular pelea de gallos con versos arrojadizos plagados de dedicatorias y pullas, de rimas soeces en la que se mezclaron insultos triviales (bobo, petulante), diminutivos dispuestos a despertar ridículos y herir autoestimas (Gongorilla) y algún que otro ingenioso (o quizá pueril) juego de palabras como Que-Bebo. Aunque hay quienes sostienen que la rivalidad de nuestros ilustres representantes del Siglo de Oro se ha magnificado por la crítica literaria, hipérboles como érase una nariz a un hombre pegada” han quedado grabadas en la memoria colectiva. En la primera composición, Góngora (izda.) derrocha ironía (con una alusión a Lope incluida), y en la segunda Quevedo (dcha.) exprime su talento para burlarse de la famosa nariz de su colega.

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