La Cenicienta: un (re)cuento

Cenicienta debía de tener un número de pie único en el reino. De no ser así, cualquiera podría haberla suplantado… ¿no?cenicienta


Aunque en la memoria colectiva ha prevalecido la versión edulcorada de Disney, más fiel a la del escritor francés Charles Perrault, lo cierto es que sobre Cenicienta (ese personaje de buen corazón sometido a los abusos de sus hermanastras que acaba siendo rescatado por un miembro de la realeza con ayuda de un zapato) existen muchas versiones. La mayoría de los cuentos que hoy conocemos comenzaron su difusión por una tradición oral, propagándose por distintos países durante generaciones -de ahí que sobre una misma historia haya infinidad de versiones e interpretaciones-.

Las primeras historias de Cenicienta se remontan incluso al antiguo Egipto, con Rodophis, una esclava odiada por las demás siervas que la obligaban a hacer los trabajos más pesados y que tenía como amigos a unos pájaros, un mono y un hipopótamo que se convirtieron en sus protectores. Un halcón -el dios Horus- le arrebató una sandalia y la llevó ante el faraón quien vio una señal clara de localizar a su propietaria para convertirla en su esposa. A partir de aquí encontramos versiones de Cenicienta en China, la India, Rusia, Escocia, Italia, Francia y Alemania.

Giambattista Basile incluiría la historia de Cenicienta con el titulo “La gata del hogar” en su colección de cuentos de hadas Pentamerón  (1634-1636). En 1697, Charles Perrault daba forma literaria a este cuento titulado Cenicienta o El zapatito de cristal, convirtiéndose en la más extendida y popular y excluyendo los componentes de la historia más violentos. Algo distinto a lo difundido por los hermanos Grimm en Cuentos de la infancia y del hogar, donde quedan recogidos parajes sangrientos como la mutilación de los pies de las hermanastras de Cenicienta en su intento de encajarlos en el zapato y el cruento final, en el que los pájaros pican los ojos a las hermanastras hasta dejarlas ciegas.

 

 

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