Pinocho: un (re)cuento

Pinocho es un muñeco de madera que cobra vida en Las aventuras de Pinocho, escrita entre 1882-1883 por Carlo Collodi, seudónimo de Carlo Lorenzini. Si a este emblemático personaje de la cultura popular le crecía la nariz cada vez que mentía, ¿imaginas cómo sería una adolescencia con este problema? pinochofuearobar


La historia de Pinocho no es una excepción en la crueldad que reflejan las versiones originales de los cuentos populares. De todas las versiones y adaptaciones de Las aventuras de Pinocho, la más extendida ha sido, cómo no, la de la factoría Disney.

No deja de ser curioso que el nombre de Pinocho nos evoque siempre ese momento mágico en el que Geppeto da vida a un tronco de madera y ve en él al hijo que siempre ansió tener. Sin embargo, ese pasaje de alquimia y amor incondicional entre padre e hijo ocupa un lugar ínfimo en comparación al grueso de la historia, un relato plagado de sucesos crueles que dificultan el arduo camino que Pinocho tendrá que recorrer hasta convertirse en un niño (bueno) de verdad.

Todo parece indicar que la primera intención del autor, Collodi, no fue crear en sí un cuento infantil, aunque la historia fue publicándose en el periódico Giornale per i bambini desde 1882 hasta 1883 y parece obvio el mensaje moralista hacia los pequeños más traviesos, centrado en que todos los males que en la historia se suceden son consecuencia de la desobediencia constante y repetitiva –hasta la extenuación– de Pinocho.

Nada más ser creado, Pinocho escapa y cuando Geppetto lo atrapa y lo lleva de vuelta a casa regañándole, los vecinos lo acusan de mal padre y acaba en la cárcel. En los días de prisión de Geppetto el libro relata cómo a Pinocho se le resisten un poco aquellas tareas de las que los padres suelen ocuparse, como hacerse de comer, por lo que, cuando el artesano vuelve a casa encuentra a Pinocho hambriento y con los pies quemados. Es el punto de partida para un sinfín de promesas incumplidas en las que el muñeco de madera se siente incapaz de ser un niño bueno y obediente y hace caso omiso a las voces de la conciencia, como la del grillo parlante –al que, por cierto, mata en el primer encuentro, aunque luego resucita– y al hada de cabello turquesa. Pinocho tiene que soportar cómo unos ladrones lo cuelgan de un árbol, cómo se convierte en burro para luego ser devorado por los peces y, cuando está a punto de ahogarse, lo intentan freír creyendo que es un pescado. Son sólo algunas de las múltiples desventuras que tendrá que soportar el muñeco de madera.

Para los amantes de las teorías conspiranoicas, algunos también apuntan a que la historia de Pinocho esconde secretos y simbología propia de la masonería, ya que el autor pertenecería a a esta organización. En cualquier caso, con o sin mensaje oculto, Pinocho es una invitación a la obediencia y una advertencia al peligro de la curiosidad.

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